La niña, que no tiene hogar, recoge basura en la playa para ganar unos pesos y comer. Su vestidito no tiene color, y el tamaño no se ajusta.
Duerme en una caja donde sea que encuentre una.
Sus amigos son las aves y los cangrejitos que ve durante su jornada. A su cara serena, casi en blanco, de rasgos muy infantiles, la vida le entregó mucho antes de tiempo.
El policía, que la ve todos los días, con cara de profunda tristeza, le promete ayudarla, pero hay demasiado trabajo en la playa para ponerle más atención.
Ella sigue su labor, pero vuelve a ser interrumpida por unos niños que le entregan unas galletas a petición de su madre. Una sonrisa significa Gracias.
De repente le arrebatan la botella, otro niño, de su misma edad aparentemente, él corre con la botella y ella lo persigue con la agonía del hambriento. Ese niño conoce todos lo callejones pero ella lo sigue tenazmente hasta que llega a un callejón sin salida.
Allí estaba el niño y otros más. Ella no entiende pero sabe que no es bueno.
Mientras, el policía se pregunta que pasó con Cara Sucia, un regalito oculto espera a su dueña, pero nadie la ha vuelto a ver.

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